Espejo de un lago

por Flor Cugat



Hola Amiga:
me encanta hablar por teléfono con vos, la conversación puede ser infinita y tiene unas derivas muy buenas. Siempre que terminamos de hablar por teléfono, no se bien como lo decidimos, quizás porque ya hablamos una o dos horas, y nos empezamos a cansar o nos agarra hambre o viene mi novio del trabajo. Porque me gusta hablar con vos y que la casa está sola e incluso me gusta ir haciendo cosas domésticas, o salir a comprar algo en el kiosko o sacar a Henri a dar una vuelta. Siempre te pongo en alta voz porque me haces
sentir acompañada, y me gusta que tu tono de voz recorra el espacio. Cuando la conversación termina, te estaba contando, me siento como si hubiese ido a bailar o volviendo de una fiesta muy divertida. con vos podría hablar horas y horas por teléfono o videollamada ¿por qué será? ¿tenemos el mismo sentido del humor? ¿nos conmueven las mismas cosas? ¿ es por que nos gusta lo que a otros les parece tonto, sonso, mal hecho?. Quizás seas una de las amigas con las que más me río. Hay amigas con las que no me río directamente o no entiendo el humor o no tienen. Cuando veo reírse a Antonela nunca entiendo de qué se ríe, y la miró extrañada cuando se levanta los anteojos para secarse alguna que otra lagrimita. Bueno con Marta y Tota si me río mucho, con Pedro también. Pero es otro sentido del humor, es más familiar, nos reímos de lo que no entendemos de los otros y también de nosotros mismos. Con vos me río igual, en la misma dirección, no es fácil eso. Es más como una risa absurda, una risa que imagina cosas chistosas. Un día dijimos que estaría bueno escribir poemas como chistes, poemas ácidos, pero no lo hicimos o no nos salió. Tampoco es una conversación llena de risas, la mayoría de las veces analizamos cosas. Coincidimos en lo que pensamos
acerca de la pintura, la obra de la gente o la misma gente. En general tenes muchos datos, hablas mucho y ahora que lo pienso sos un poco chismosa pero con discreción. Esa discreción divertida que te hace contar cosas con un tono muy bajito y muy lento. Como si pensaras cada palabra. Sos precisa, pero de la precisión que divaga. Me encanta cuando decis que no te gusta la gente que pinta las fotos que saca con su celular, no te gusta la pintura mimética, estrictamente mimética. Me gusta que no tengas mucho trabajo pero que no pares de hacer cosas. Siempre estás escribiendo y almorzando y cenando café con leche. Sos resistente como un cardo delicado y solitario del suelo árido del sur. Te persigue ese paisaje. Estuviste un año bañándote con agua fría porque en dónde vivías habían cortado el gas, lo tomabas muy naturalmente. A veces parece que no necesitas mucho más que tu mente.Tenés algo mágico. A tus obras las llamo naif helado y pálido. Son suaves, delicadas, austeras y bastante grisáceas. Es porque pintas a cualquier hora y la luz que usas es foco económico de led frío. Me gusta mucho esa obra que vendiste que es un lobo blanco reposando sobre una concha marina color lila y atrás de la concha hay una mujer morena a la que no se le ve la cara, pero si el cuerpo, y los brazos sostienen un ramo de margaritas. No distingo bien, pero el fondo podría ser una roca y el suelo de tierra seca, o también, un telón de terciopelo gris con un piso de papel madera. Es una obra escénica, puedo pensar que la mujer no está desnuda, si no que tiene un traje de media de nylon color piel y que tiene el vello púbico pintado. La mujer sale detrás de esa concha marina tornasol, acaricia a su perro que es su mejor amigo, le hace oler las flores y se sienta por delante a consultar el oráculo de las margaritas: me quiere mucho, poquito o nada. Me quiere o no me quiere. Después, mira al horizonte y le dice algo lindo, un lema sobre la belleza y la austeridad, algo puro sobre las formas, las buenas intenciones y los amigos. Cuando me contaste que tus papás son evangelistas y que sabes mucho de religión, entendí un poco tu templanza. Sin desesperar, sin enojos agresivos, siendo muy clara y firme. Crees que el arte es un lugar muy parecido al mundo religioso, crees que los dos son mundos mágicos con capacidad de crear muchos relatos en torno a un mismo asunto, la existencia. Hay una fé, decíamos el otro día. El arte te puede salvar la vida y la religión también.