carta confesión

por Abril Ramos Xochiteotzin

Queridas compañeras del taller:

He venido a decirles una cosa, además de confesarles mi amor.

Y es que estoy cansada.

¿Puede la universidad ser tan cruel con alguien que mide 1.50?

Mi cabeza está saturada, y no dejo de pensar cosas terribles, alaridos profesionales de auto victimización, mísera de mí; y en este preciso momento no logro escribir nada.

Por otra parte, me parece lindo venir a jugar cada martes al taller.

Hay cosas que no saben de mí y me dispongo a confesar, por ejemplo:

– No imaginan el temor que me implica ser, frente a ustedes, una especie de representante de este país que es méxico, como si de mi viva voz viniese una verdad mexicana. Sé que es una responsabilidad que ustedes nunca me otorgaron, lo admito con risa. No se tomen todo tan en serio de mí como mexicana (aunque tal vez ni siquiera lo hagan!). Esa sensación es uno de los demonios con los que cargo. 🙂

– Me encantan sus voces, y cuando estoy a solas me pongo a hablar como ustedes (es decir: en argentino. Argentino exagerado, argentino mal logrado, argentino chistoso o lamentable).

– Tengo una debilidad, sobretodo, por la voz de lucía (¿es algún acento de alguna región argentina?).

– Cuando era niña tenía un compañerito argentino con su mamá argentina, ambos de cara alargada, pelo lacio. Tal vez por esa razón tengo en mi imaginario que la cara de las argentinas es alargada, y así las imagino a todas ustedes (incluso aunque haya visto a algunas en cámara), con caras alargadas, naturalmente fabulosas.

– Pienso que valentin es un adonis, un niño prodigio, iluminado por una luz, y a donde quiera que vaya brilla como los vampiros de la película; etéreo, inalcanzable, 19 años (¡!!).

– Me encanta cuando dicen mi nombre, es como si me despertaran. Y para mí es evidente que no es sino gracias a lo extranjero (ustedes), que me recuerdan mi propia realidad: tengo que reaprender la historia de méxico, viajar más al interior de la república, volverme una política tal vez, hacerme experta de las playas.

 – El verdadero descubridor de cecilia pavon fue mi pareja, que encontró el libro de un hotel con mi nombre en la biblioteca vasconcelos justo antes de iniciar la pandemia. Alguien lo donó, y dejó sus anotaciones a lápiz en las páginas. Ahora esa biblioteca preciosa es un centro de vacunación covid, y desde que se suspendió como biblioteca ese libro se quedó en nuestras manos; lo llevamos a las cascadas, lo tuve en mi casa, él me lo leía antes de dormir. Nada de eso era tan romántico como parece ahora que lo menciono, era más bien como parte de nuestra normalidad. A veces siento que todos los créditos son para él, pero yo fui la loca que estalqueó a ceci en busca de un taller hasta que lo encontré.

– Hago una lucha constante por vulnerarme a lo que trato de escribir, así tal vez sale algo mínimamente honesto; hoy que estoy tan bloqueada, esta es mi manera de acercarme.

– Ahora pienso que parece que es una carta de halagos, chupamedias como dijo cecilia hace unas sesiones, lamehuevos acá en méxico.

– A veces digo cosas frente a ustedes que no entiendo ni de dónde salieron ni por qué las digo, lengua traicionera.

– Me parece extraña y encantadora la manera de tallerear de cecilia. No la entiendo, parece que ella misma no tallerea, y eso es lo que me parece admirable, no académica, echar el chisme en un café, ¿es una metodología? Me regaló un poema inédito para mi revista universitaria, ¿qué escritora reconocida hace eso? Solo una escritora con alma de escritora, no de Escritora. Siento que es una pedagogía a largo plazo, como para siempre.

– ¿Esta es una carta ficcionada? ¿me preguntarán si son verdaderos mis secretos? ¿Estoy jugando con la verdad? ¿en realidad mi nombre es abril?

Sé que la verdad no siempre nos hará libres, por eso siento que ahora que saben mis secretos estoy condenada a ustedes. Y es por eso que he decidido dejar el taller. Tal vez no les debo explicaciones, pero sí quiero dejarles clara mi gratitud: para mí ha sido una experiencia linda y suave, conocer sus letras argentinas y compartir chismes, y espero que si la gracia de la vida me permite ir a argentina, pueda encontrarme con ustedes de alguna u otra manera. Por mi parte las seguiré leyendo con gusto.

                                                

Con amor: abril