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por Paula Salomón

Y entonces me enamore de una idea,
 y quise sustituir toda mi vida por una idea
clavada en algún lado de mi cuerpo.
Una idea muy concreta con principio, desarrollo y fin.
Parecida a la idea de escapar pero no
precisamente esa 
ya que poseo la madurez suficiente como para entender 
que escapar no es otra cosa que morir.
Y yo no quiero morir, menos ahora que claramente me encuentro
más que nunca enamorada.

Voy a intentar describir esta idea, por la cual hoy 
creo que estoy perdiendo todos los estribos 
y que tal vez podría a la larga terminar conmigo. 
Dicho así suena a cualquier tipo de enamoramiento. 
Y resulta que hace tanto que no sentía algo tan profundo, 
que había olvidado la concreta posibilidad
de autodestrucción que ocurre
cuando una está verdaderamente enamorada, 
Y esto es en parte una posibilidad
como también un hecho inevitable. 

Esta idea que me conmueve tanto 
es bastante indescriptible como todo amor, 
pero haré un esfuerzo y 
diré entonces que ella es amiga de lo fugitivo…..
Posee dentro de sí, el poder de la rebeldía 
que hace de la edad y el tiempo un concepto insignificante. T
También que ubica al cuerpo entero
como medio para percibir, y transportar,
y como buena fugitiva nunca se está quieta,
así que no es tarea fácil poder poseerla
diría que es un imposible y que eso en alguna medida 
es la potencia más inagotable que posee.
Diré que es una mezcla entre lo humano , 
lo objetual, el recuerdo, y el deseo
pero es sobre todo la “idea” de lo humano
lo que prevalece de forma curiosa,
ya que esta idea posee de lo humano lo suficiente 
como para que una pueda sentirlo como algo reconocible y propio, 
y la vez lo mínimo como para que una
no sienta un rotundo rechazo 
como finalmente sucede con todo lo humano.

Pero el resto está compuesto por conceptos
 que escapan a toda lógica.
Inmateriales e indomables. 
Se trata tal vez de lo que flota en el aire, 
del residuo que permanece de un encuentro 
con un otre aún desconocide, 
de los restos de comida que se atoran en
la bacha de la cocina, 
o de la cera pegada en un mantel de la abuela.
Es tan amplia como una carta arrojada al río que
se desarma con el agua,
Son las palabras que van perdiendo su forma mientras dichas, 
lo que resulta finalmente un deseo apenas esbozado.
Y si bien conserva algo de la idea de logro, 
el logro particular está anclado
en la sucesión de un sentimiento, 
de poder dejar un lugar y no saber hacia dónde
es que iremos a parar. 
Hacía la impermanencia de un estado impreciso,
el del enamoramiento de lo que se está yendo, 
de lo que ya no existe más, 
pero ha dejado tras de sí, 
un aroma, un halo o sombra, una turbulencia en los sentidos. 
Estoy enamorada de una idea, 
y siento que por fin he encontrado el amor para toda la vida, 
puesto que este amor en su despedida ya lo es todo. 
Es la nada misma  
y sin embargo es todo lo suficiente.