PREMONICIÓN

Guillermina Chiariglione

No había nadie en la calle como en todos esos días en donde en Bs As volvíamos a fase cero
Caminaba alerta, escuchando a los árboles que me hablaban, 
mi cabeza giraba casi al ritmo del viento.
En la esquina estaba él, un hombre sin rostro que se acercaba con su paso ralentizado y un cuchillo ancho que avanzaba a medio metro por delante de su cuerpo.
Era raro, pero no tenía nada de miedo, me sentía valiente como nunca.
Nuestros cuerpos se encontraron y casi sin esfuerzo cambié la dirección del cuchillo y atravesé su garganta
La sangre era violeta espesa, cargada de enojo y papas fritas lays
Un agujero negro vacío, como el de su última mirada, anunciaba el final de una cascada, no quedaba nada
Solo mi culpa
No salí en toda la semana por miedo a ese encuentro.